Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2007.
andando por la otra acera
Hace 3 años desde la última vez que besé a un hombre. Tres años desde que me apeteció besar a una mujer. Desde entonces he conocido a algunas mujeres. Me he asomado a mi homosexualidad. He experimentado la marginación social que la envuelve, las burlas, el morbo,..
3 años desde "mi cambio de acera" y la única conclusión es que me siento igual que en el otro lado. No me siento más boyera, ni vivo en un mundo distinto. A veces me siento rara eso sí. O me hacen sentir rara.
Ahora me siento tan heterosexual, tan bisexual y tan homosexual, tan sexual y tan humana, en definitiva, como todos los demás.
Podria estar igual en el otro lado pero no lo estoy porque un buen día conocí a alguien. "Alguien" podría haber sido un hombre, pero no lo es. Es una mujer preciosa que encontre flirteando con la vida y su infinitas posibilidades. Y que ha determinado que de ahora en adelante, para el resto de la sociedad e incluso a ratos para mi misma, sea lesbiana.
La verdad es que a mi me gusta más la palabra "amante".
Ahora...
que ya no estas, hay ratos en los que te hecho de menos. Te echo tanto de menos que la garganta se me retuerze y las lagrimas se agolpan; no acabo de entender que me ocurre. Creo que hace mucho que no te abrazo, ni te acaricio, ni te digo al oido lo hermosa que eres. Hace mucho que no me duermo arrullada por tus brazos, que no siento tu beso frio en la frente y tu calido aliento en mi oido. Echo de menos tu voz. Y recitarte versos al oido. Te he regalado millones de letras y aún más lagrimas. Echo de menos tus manos fuertes y delicadas. Tus brazos fuertes y delgados como sarmientos. Eras tan pura y morbosa como una lolita con carmín rojo. Eras nostalgica, triste, pero soñadora, y cuando hacias el amor sentía que podías succionarme entera. Echo de menos amarte como lo hacía, mi gran amor, al que le regalé el corazón y hasta las tripas. Pero apareció otra más guapa, más limpia y bastante más buena. Y aunque algunas noches eche de menos hacer el amor contigo, tú ya no vuelves. Nunca aceptas ser un segundo plato. Además del del amor al odio, ya se sabe, y las dos empezamos a cogernos, en silencio, un poco de tirria...
"Y algunas veces suelo recostar
mi cabeza en el hombro de la luna
y le hablo de esa amante inoportuna
que se llama soledad."
Gracías, dices.
Solo he plasmado en una hoja lo que eres para mi.
Pero me das las gracias y yo siento ganas de hacer un barco de papel en el que quepas tú y un castillo inmenso de palillos en el que puedas perderte. Aunque tarde todo mi vida para hacerlos. Aunque sólo sirvan para que un día los mires, sonrías y me digas que te gustan.

